El
vinagre balsámico tradicional de Módena nació como un bálsamo medicinal y llegó a entrar en la
cocina como producto de excelencia que exalta los sabores y enriquece los platos, desde los más sencillos a los más refinados. Este
vinagre se prepara en tres fases: la
fermentación alcohólica, la
oxidación y el añejamiento. Para su elaboración, se utiliza madera de roble, castaño, cerezo y
jengibre, cada uno de los cuales cede al
vinagre sus aromas particulares. Mientras el proceso de avinagrar de un
vinagre común se hace con el vino, en el caso del balsámico este proceso se alimenta con el mosto
cocido. Cuando llega a la
mesa, tiene que haber superado un mínimo de 12 años de añejamiento en barrica y un riguroso examen realizado por la comisión de expertos catadores que analizan sus características organolépticas. Existen dos categorías distintas: el artesano y el comercial.