Se trata de una mezcla en la que hay una proporción de seis veces más de
azúcar lustre que de
agua, hasta obtener un
agua ligeramente lechosa pero no líquida. Se utiliza en las labores de glaseado de galletas o de pasteles (típico en la
pastelería inglesa). Después del glaseado, las piezas se ponen en el
horno a temperatura fuerte para que se sequen.