Las botellas de vino espumoso ocupan más espacio que las de los vinos tranquilos a pesar de contener la misma cantidad de líquido, esto es porque necesitan que sus paredes sean más gruesas, porque tienen que aguantar una gran presión creada durante la fermentación en la botella y que esta no termine estallando.
Inicialmente las botellas se hacían mediante el soplado manual del vidrio y era muy difícil conseguir que la superficie del fondo quedara completamente plana, por lo que para que el punto por el que se había soplado la botella no quedara expuesto, la cual producía inestabilidad a la botella y rayaba la superficie de la mesa, se hacían con el culo hundido.
Pero la forma convexa que tienen los culos de las botellas en la actualidad, que es conocida como “picada”, no es por casualidad sino que tiene su explicación científica por las ventajas que ellos supone.
Por una parte, esta forma de la botella, aumenta la superficie sobre que la que se realiza la presión, con la consiguiente disminución de la presión por centímetro cuadrado tanto de las paredes como de la base, de esta forma, la botella aguanta mejor la alta presión del gas, téngase en cuenta que la presión que ejerce el gas sobre la superficie de la botella y el tapon es de entre 4 y 6 atmósferas, parecida a la que tiene una rueda de camión-
También, resulta útil para servir el vino espumoso a la hora de asir la botella, al colocar el pulgar en la picada y reposando la botella en los dedos restantes.
Además, facilita la limpieza de las botellas ya que distribuye el chorro de agua por todo el fondo de la botella.
La forma convexa del fondo de la botella, si el vino tiene sedimentos, ayuda a que estos se queden pegados a los laterales del fondo.
Proporciona más peso al fondo de la botella, lo que hace que el envase más difícil de derribar.
Resulta útil para apilar las botellas.
Por ultimo desde el punto de vista comercial la botella resulta más atractiva, elegante y glamurosa, de hecho a medida que aumenta la calidad de los vinos la picada se hace más profunda llegando en algunos casos a la exageración.
En 1735, un real decreto francés permitió embotellar y comercializar el champán, anteriormente se transportaba en barriles, por lo que fue la región de Champagne la primera de Francia en emplear vidrio para embotellar sus vinos.
La forma más típica es la tipo “champenoise”, que es la que tienen todos los vinos de champán franceses, y es la que ha sido copiada por prácticamente todos los vinos espumosos. Es una botella que se caracteriza por su elegante y distintivo cuello, de paredes gruesas y con picada muy pronunciada, destinada a resistir la presión.
Sin embargo, tanto su forma como el peso de esta botella han ido cambiando. El peso pasó de ser de menos de 25 onzas (750 g) en 1735, por 1.250 g a principios de 1900, a los actuales de 835 g. Este peso actual es el que, en el año 2010, el Comité Interprofesional de los Vinos de Champagne recomendó con el fin de reducir las emisiones de carbono. La morfología de la botella ha ido evolucionando aunque de forma muy lenta y sólo ha sufrido pequeños cambios. Las razones de esta lenta evolución se deben a que es el recipiente de la segunda fermentación del vino y es necesario que cumpla toda una serie de requisitos, entre los que destaca el resistir a la alta presión interna, similar a la de una rueda de camión. Por lo que, podemos afirmar que en Champagne en cuestiones de diseño es tremendamente inmovilista. Véase como ejemplo, lo poco que han evolucionado los modelos de la botella de la colección Moët & Chandon en 200 años
Otra característica que suelen compartir las botellas de champán, cava y otros espumosos, es el color que suele ser verde o marrón. Este color no se debe a que se desee impedir que los rayos ultravioleta que pueden deteriorar el contenido, si fuese así, el color más adecuado fuera probablemente uno más oscuro. Con gran probabilidad se deba a que los primeros fabricantes de vidrio utilizaban arena de las playas europeas y estas al fundir dan como resultado un vidrio que oscila desde el color verde y el marrón. Actualmente las botellas de los cavas o champanes rosados tienden a ser transparentes para poder admirar su color.
Existe un consenso de la mayoría de las botellas de vino, incluidos los espumosos, contengan ¾ de litro o 750 centimetros cúbicos (cc). ¿Pero por qué la capacidad de las botellas es de 75 centílitros (cL)?
Conviene recordar, en lo que se refiere al champán, que en 1735 el contenido habitual era de 93 cl, después se redujo a 70 cl, y aumento posteriormente en el siglo XIX a los actuales 75 cl , que se han convertido en estándar.
La explicaciones del por qué son de 750cc han sido de las más dispares, desde que se debía a capacidad pulmonar de un vidriero que soplaba la botella, al consumo medio en una comida, la mejor capacidad para conservar el vino, o la facilidad del transporte, entre otras.
Sin embargo, la explicación, más plausible, es simplemente consecuencia de una organización práctica de base histórica, consecuencia de que los principales clientes de los productores de vino franceses eran los ingleses. Estos nunca adoptaron el mismo sistema de medidas que los franceses.
La unidad de volumen de los ingleses era el “galón imperial” que era equivalente a 4,54 litros. Para simplificar las cuentas de conversión, transportaban el vino de Burdeos en barriles de 225 litros, es decir, de 50 galones (4,5x50=225l), correspondientes a 300 botellas de 750 cc. (75 cl). Siendo más fácil el cálculo, adoptaron que un barril = 50 galones = 300 botellas. De esta forma un galón correspondía a 6 botellas. De hecho, por eso aún hoy las cajas de vino suelen tener 6 o 12 botellas, es decir uno o dos galones.
Consecuencia de la demanda del mercado se han ido creado formatos especiales que van desde los más pequeños que la botella estándar, como es el caso del formato “benjamín” o cuarto de (18.8 cl o 20 cl, según las leyes de cada país) que se utiliza habitualmente para pasajeros de trenes y aviones, hasta la de 15 litros o Nabucodonosor. Desde 1960, han ido apareciendo modelos de mayor capacidad, pero su existencia ha sido efímera, consecuencia de que son complicadas de transportar y manejar. Además el champán se fermenta principalmente en dos tamaños de botellas, botellas estándar (750 mililitros) y magnum (1,5 litros). En general, se cree que las de mayor capacidad son de mayor calidad, ya que hay menos oxígeno en la botella y la relación volumen-área superficial favorece la creación de burbujas de tamaño adecuado. Sin embargo, no hay pruebas contundentes que apoyen esa creencia. Estos otros tamaños de botella, en su mayoría con nombres de figuras bíblicas. Generalmente se llenan con champán que se ha fermentado en botellas estándar o magnum. Solo Champagnes Gosset aún embotella su Grande Réserve en Jeroboam (3 litros) desde el inicio de su segunda fermentación.
Los diferentes tamaños de champán que se comercializan son:
Los tamaños más grandes que Jeroboam (3 l) son raros. Las botellas Primat (27 Ll y, a partir de 2002, las botellas Melchizedek (30 l), son ofrecidas exclusivamente por la casa Drappier. Los mismos nombres se suelen usan para botellas que contienen vino tranquilo u Oporto.